
Otrora en algunas culturas como la egipcia se creía que el ser humano al morir renacía con el mismo cuerpo al ser despertado por los dioses. Esta fue una de las razones por las que los antiguos faraones eran momificados y puestos en sepulcros con sumo cuidado.
En flagrante sabemos que tanto vivos como muertos serán juzgados en cuerpo y presencia física delante de Dios, es decir, que habrá una resurrección para el día del juicio final según el dogma cristiano.
Tomando en cuenta todo esto pienso en cómo la cultura y la sociedad ha ido erigiendo ese modelo de vida que todos pretenden tener. Todos quieren ser felices, tener lujos, encontrar el amor…
Atempero ustedes se han preguntado ¿Cuál es la verdadera razón para estar aquí? ¿Es quizá para conocer a la “media naranja”? ¿Tiene algo que ver con concluir una carrera y ser profesionales en la vida? ¿Hacer mucho dinero y vivir plácidamente? ¿Cuáles son realmente sus metas en la vida?
Y sigo pensando…
Es dable que muy pocas personas sepan ciertamente su auténtica vocación en el mundo, el por qué están aquí, su razón de ser en el universo y yerren por años tratando de encontrar respuestas. Y claro nadie nace con un manual bajo el brazo, eso es lo bonito que todo hay que irlo aprendiendo gradualmente.
No obstante la mayor parte del tiempo uno no se detiene en las vitrinas a cavilar sobre los pasos que vamos dando en la avenida, acaso en los precios del mercado, las tasas de interés, la inflación anual…?
Y no dejo de pensar…
¿Qué es lo que entonces quiere Dios para nosotros? Si la suma de nuestras decisiones se basa juiciosamente en nuestro beneficio personal y el de unos pocos, ¿No parece eso un tanto narciso? ¿Cuál es el modelo que nos enseñó Jesús entonces? Si el pobre hombre andaba con unos trapos feos y unos huaraches duros, no tenía casa y andaba a pie por todo el desierto.
¿Hemos desviado acaso la vista de las cosas que verdaderamente hacen la diferencia no solo en nuestra vida sino en la de los demás? ¿Sabemos de cierto perdonar a los que nos ofenden? La Biblia dice claramente que hay que mantenerse lejos de los impíos, los corruptos y los malhechores. Pero al mismo tiempo me percato de que si los que creemos en Dios nos alejamos de los pecadores porque queremos llegar a ser buenos ante los ojos de Él, ¿Qué estamos haciendo?
Ya he pensado demasiado…
“Ámense los unos a los otros como yo los he amado” enseñó Jesús en la última cena, y si todos somos hijos del mismo Padre, ¿Por qué al drogadicto lo hacemos a un lado? ¿Por qué nos apartamos de las personas que no aprobamos en lugar de tratar de ayudarlos a ver la Luz de Cristo?
¿Estamos todos contribuyendo a que el mundo sea ese lugar maravilloso que Dios nos regaló para vivir? ¿O somos de los que se hacen a la vista gorda y pensamos que con orar todas las noches por los pecadores basta? ¿Somos de los que observan desde adentro a los que están afuera y los punteamos como si no tuviéramos la misma naturaleza impenitente?
Y aún así todos queremos ser felices… Haciendo lo que consideramos mejor para nosotros. Por eso es lamentable cuando personas como Diana de Gales se van de este mundo. Yo lloré a pesar de que era apenas un chico de corta edad porque era la única “princesa” que prefería estar en África ayudando niños con desnutrición que en su alcázar tomando el té “real” con gente viviendo vidas irreales.
Si hoy nos tocara morir, ¿Estaríamos preparados para el viaje? Es decir, las personas que amamos ¿Sabrían que las amamos y las personas que odiamos sabrían que las hemos perdonado? De todos nosotros ¿Cuántos podemos decir que moriríamos en paz? ¿Sin miedo a morir?
Le toca a ud pensar…


