
Lo que tengo guardado acá es un sentimiento, no un poema, no una canción, no un momento suspendido en el tiempo; ni siquiera una noche de octubre porque todo fue más que eso. Tengo acá guardadas todas las noches por venir en las que el ayer palpite, se repita y se golpee contra las paredes en mi cabeza como un grito, como un eco, como un soplido suave de aire.
Acá no hay horas, ni minutos, ni billetes de 5 mil, ni cambio para 30... Acá no hay un aroma a chica de fresa, a Deep Red. No hay un retraso de 5 minutos, no hay una lluvia terca que nos haga resbalar. Acá lo que hay es un gracias, es un para siempre aunque para siempre me parezca poco tiempo... Acá hay una sonrisa, acá no hay palabras, no hay distancias cortas ni tampoco largas. Acá lo que hay es una semilla.
No hay espejos, no hay calendarios acá. Lo que hay es un trapillo rojo, un saco manchado, un cabello con gracia, una sonrisa que transporta. Acá son muchas cosas las que hay, pero son muchas más las que habrán a pesar de que no había nada.
Acá hay enredaderas, hay un tiempo nuevo venidero, una víspera para lo incierto, para oportuniaddes despreciadas. Acá los ladrillos se hacen polvo y las princesas, cenicientas. Acá no hay infierno, no hay paraíso... solo una burbuja para que mire desde afuera el reflejo de lo ajeno, de lo propio, de algo que no hubiera sido ni mío ni de nadie y que ahora, pertenece a otra.
Acá no hay un himno solitario, ni puertas sin abrir, ni escaleras de cristal hacia el abismo. Acá hay secretos al oído, susurros entre paréntesis y una que otra vulgaridad. Acá ya no hay nubes negras detrás, no hay guitarras partidas a la mitad ni tampoco muertes de media noche. Acá lo que sobra es ambivalente, dual, soberano.
Acá no es ninguna parte, no es ningún pacto ni peaje. Acá no es un vía crucis, no es un medio tiempo, no es un final ni tampoco un principio. Acá no hay un por ahí, ni despedidas, ni holas. Acá lo que hay es un huracán que se lleva todo, que no deja nada.
Acá no hay un quizá, ni anillos fantásticos... No hay partituras garabateadas ni helados que nunca comemos. Acá lo que hay es un hombre, parado junto a un precipio en la cima del mundo gritando:
Todavía no es El Tiempo de las Cerezas.
