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viernes, noviembre 11, 2011

Feliz no-cumpleaños

Ayer por la noche después de un largo pero divertido día en el trabajo (sí, puedo decir que mi trabajo es divertido) llegamos a casa la Shu y yo bastante cansados, sin ganas de cocinar ni de mover un dedo. Para nuestra fortuna o hacíamos algo de comer o moríamos de hambre. Oh las ventajas de vivir solos...

La cosa es que hoy Shu tenía libre (mientras que a mí me tocó madrugar a las 8am para venir) y anoche del hambre me ofrecí a hacerle un sandwich (que tanto le encantan) y cuando lo probó me dijo que eran los mejores sandwiches del mundo.

Yo no sé si mis sandwiches son mejor que antes o si habrá alguien que los prepare como yo los hago. No tengo idea de si mis espaguetis serán tan sabrosos como dices. No estoy seguro de si soy tan sexy como crees o de si te hago reir tanto como quisiera. Yo sólo sé que desde que te conozco me conozco más cada día, y aunque fuera debajo de un puente sin un cinco en la bolsa si te tengo a mi lado sería feliz.

Yo no soy la clase de hombre que puede comprar palacios y castillos, ni tampoco puedo llevarte de ride en limosina. No podemos irnos de vacaciones a Dubai ni pagar por ver películas 3D. A veces no tenemos ganas ni de vernos, ni de hablarnos, pero aprendimos que con todo y nuestras diferencias es posible soñar con un futuro para dos.

Yo no sé, de verdad, si te hago sentir como nadie puede ni si me creerás cuando te digo que me gustas toda, todita. Para mí no hay mujer más rawr que vos.

Estoy seguro que ya sabes que aunque Brody Dale viniera a tocarme la puerta un día de lluvia, empapada y pidiendo yuplón no te cambiaría. Porque vos sos única, diferente, especial...

Yo no sé si ahora lo hago todo mejor o si me equivoco menos. Yo sólo sé que vos me movés y hacés que quiera descubrirme más hasta encontrarme definitivamente. Que al mirar la luna llena en lo único en lo que piense sea en aquel 19 de enero del 2010 cuando me diste la seguridad de que esta vez nada malo sucedería, de que mi corazón estaría en buenas manos.

Y en eso estamos: disfrutando mutuamente sin promesas ni palabras. Sos la princesa de mi mundo, la que me enseña a ser mejor todos los días, la que me hace más feliz que nadie.


miércoles, noviembre 18, 2009

Aternox I


No hace falta que lo diga, pero lo diré: a pesar de que -inclusive- me había propuesto no pensar en las calles turbulentas y asesinas de tu cuerpo lo hice [...] Y tomando todo aquel peso en mi osamenta, giré mi vista y te miré. Querías un hombre, no un enfermo de vida [...] Y morí.

Yo creí que sería lo mismo.

Fue lo mismo, de hecho.

Un sabio filósofo chino ya lo había dicho alguna vez: "El que se fue no hace falta, hace falta el que vendrá." ¡Jueputa chino más sabio!

Es como mi necedad de usar verbos en pasado para expresar un sentimiento a futuro [...] ¡Bendita maña la mía de repetir todo como en cámara lenta en mi cabeza!

Pero ¡Ah! A otro con esos cuentitos, nena. Rico no es el que todo lo tiene sino al que no le falta nada. (Sería bueno que lo anotaras)

No me vayas a venir con tus venas -sangrantes- a la vista, recuerda que soy masoquista y me gusta verte sufrir.

Aunque debo admitir que estaba enamorado -locamente- de tus pasos de baile, cuando al mismo tiempo tenía más movimiento una película en pausa que yo. Cuando traías ese vestido de una sola pieza que caía, sensualmente, como una fiesta suramericana sobre tu cintura. Con esos cabellos desteñidos que caían ondulados como serpientes en tu espalda. Con esos ojos que eran como luciérnagas que danzan en la oscuridad cuando te miran y aquel, tu embrujo instantáneo de gitana.

Como carretera hacia el precipicio es tu aliento.

"La carne es fácil complacerla, el espíritu no", insiste este sabio filósofo chino en sus elucubraciones.

¿Volveremos a ver juntos el amanecer de nuestros corazones? ¿Volveremos a cabar tumbas en nuestra piel con las uñas? ¿Volverán a ser tus labios la fruta prohibida del árbol de mi edén? Ya no somos más un par de cuerpos que se revuelcan como elefantes en un charquito por un orgasmo.

¿Somos?

No hay que sentirse dignos de la insignificancia.

No somos.

Sin dolor no hay blues, dicen por ahí. Entonces seamos siempre libres. Y si vienes a celebrar esta noche, no me pienso negar. Por supuesto que me conoces.

En el arma solo queda una bala, mi amor, y esa bala o es tuya o es mía. ¿Quién va primero?

Sin nada que perder y tan perdido...

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