lunes, octubre 17, 2011

Post Mortem



Pensaba un día que nunca es muy pronto para la muerte. Yo no sé exactamente cuándo, cómo, dónde... Y eso a veces me incomoda o más bien, digamos, me asusta. No es morirme lo que me preocupa sino el no estar listo para irme o ni siquiera poder despedirme de la gente que quiero. Uff, son tantas cosas...

Para mí es más que la extinción del proceso homeostático de un ser vivo; es pasarme toda la vida tratando de atrapar con mi diminuta red esa pequeña mariposa que vuela todos los días frente a mis ojos pero que siempre escapa. 

No es fácil definir la vida. Y para mí la muerte es como una excreción; la extinción del sistema individual. Todo el mundo sabe que la muerte es algo personal, como una catalepsia.

Y tuve uno de esos momentos de meditación en los que me pregunto: ¿Si un día todo se acaba por qué me la paso guardando y guardando cosas? Digamos, como ¿riquezas? ¿Quién cuidará de ellas cuando ya no esté? En verdad somos extranjeros de este mundo.

Por eso miré en mi closet en busca de esos tesoros que no podré llevar y no había nada. Parece que lo único que puedo dejar en esta tierra de valor serán recuerdos para todos. Buenos o malos es todo lo que puedo construir con la gente que quiero.

Aunque claro, está Zaratustra y el piano que compré en Navidá. También está mi pequeña colección de libros y los discos compactos que compré cuando no sabía cómo descargar por internet. Unas cuantas canciones que escribí, mi sarcasmo bien intencionado y esas obras a las que yo llamaba arte.

La muerte no puede llevar adjetivos pero a veces es instantánea, súbita. Si yo tuviese que morir asi, de repente, en mi testamento diría que a todos les dejo amor, sonrisas, lágrimas, cosas que aprender y otras tantas que yo no sé. 

No tengo millones ni propiedades a mi nombre, ni bienes inmuebles. Tengo una cocinita de gas, mi grabadora querida y la lavadorcita que compré a medias con ella. Una olla de cocimiento lento, la arrocera, alguna cuenta pendiente, este blog y mis ganas frustradas de ser estrella de rock.

Ay Dios, cuando yo me muera, ¿Quién querrá mis zapatos cuando ya estén viejos?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Whenever you die, let me know haha I'll fix something for you.

Jesus dijo...

I have forgiven you for all what you've done.

Jenn dijo...

Cuando mueras...tus palabras serán la brisa que abrigue muchos recuerdos. Saludes...

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