viernes, noviembre 13, 2009

Me gusta...


Me gusta la alquimia que hacen mis hormonas cuando esta luz agonizante baila; este fuego que dibuja formas extrañas en la pared me seduce.

Me gusta imaginar las montañas colapsar, los mares derramarse sobre el tapete de lo ajeno y las golondrinas que vuelan en aquel muelle de nostalgias mientras el faro alumbra.

Me gusta saborear la tierra, abrirle mis brazos a la lluvia y musitar cuando siento el hormigueo en las entrañas provocar esta feria de suspiros.

Me gusta desenterrar este cadáver maloliente, inservible y sucio; disfrazarlo de recuerdo, añorar y guindarlo del ciprés como a un Judas traicionero y vil.

Me gusta aruñarle la piel a tu recuerdo, morderle el borde de la boca y mirarlo sangrar hasta que muere.

Me gusta inaugurar las mañanas con su nombre, revolcarme como un cerdo entre las sábanas y perseguir las mariposas de mi estómago hasta tocarlas.

Me gusta el manoseo obseno de delicados temas, que el acantilado le ruja a las olas y que aquí no sea siempre un infierno.

Me gusta soñar con tus cabellos de rubí, con la blanca nieve que sale de tus labios y concluir con los versos de todo eso que no decimos.

Me gusta salpicar con el néctar de las horas esta fantasía, segregar los jugos gástricos del silencio para nutrirme de las impecables manchas de la noche.

Me gusta -sí- romper con las cadenas -y condenas- que hay marcadas en la almohada cuando solías recitar aquel coro de gemidos largos mientras los gatos hacían el amor en los tejados.

Me gusta dilatar la tráquea y erguir el sonido en ecos de tu partida, agradacer por los días que no estuviste a mi lado.

Me gusta deshacer el mundo a pedazos y formar continentes con tu ausencia; asimismo de buscarle alternativas a esta apretada soledad acogedora.

Me gusta -sobremanera- arrastrarme sobre el fango endurecido de tus pasos, condenarme a una vida contigo, sin fin.

Me gusta -lo admito- sufrir la cacería irrazonable de tus verbos, que me maten poco a poco hasta hacerme renunciar -sin piedad- a este mausoleo de nombres sin sentido.

Me gusta -demasiado- cuando tocas los tambores de lo incierto y mi corazón se estremece como si hubiera, del paladar, robado un lustro de ilusiones en Navidad.

Me gusta, me gusta... la sofocante histeria de los días al pasar, y tus lamentos secretos cuando se calma el mar.

Me gusta cuando tantas cosas no me gustan más y que su sitio, su lugar, lo hayas vuelto la trinchera en donde ahora solemos respirar.

Este globo giratorio me hacía vomitar, y llegaste tú con tu algodón de azúcar.

3 comentarios:

DINOBAT dijo...

Te gusta...pero algún día no estará...

CaRo dijo...

Excelente.. :)

Paolita dijo...

arrañar la esplada...Kris eres un salvaje

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