jueves, diciembre 08, 2005


Si la soledad no fuera un derecho, como esos decretos sin sentido que hay por montones en la constitución, la felicidad sería una ley. "Prohibido llorar" seguramente diría al entrar en algún lugar público, y sonreír siempre sería el arma más letal contra la incertidumbre.

Si la muerte no fuera tan amiga de Dios, seguramente ya se hubiera muerto mucha gente a la que hace rato le toca, seguramente la tristeza no sería vertical y el luto se volvería fiesta, sin embargo, si la muerte no fuera tan amiga de Dios, el momento, la intensidad del ahora sería como una piedra amarga, insipiente, carente…

Si el tiempo no fuera constante, seguramente nada sería cuestión de suerte sino más bien cuestión de esfuerzo. Seguramente no habría mañana, ni ayer, ni adioses o hasta luego. Sería como vivir ya, porque no habría otro instante mejor que el presente.

Si los besos no fueran cuchillos largos, seguramente podría hundir la lengua en lo más hondo de la pena. Seguramente la sangre sería como el agua y los besos, los besos serían como esos cuchillos largos que duran para siempre.

Por eso establezco, que la soledad es un derecho, que la muerte sea siempre amiga de Dios, que el tiempo sea constante y que los besos, todos nuestros besos se conviertan en el arma más letal contra la ausencia.

2 comentarios:

CRISK dijo...

Est muy bonito.

Chris dijo...

Gracias, muchas gracias licenciada! :>)

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