Que os vaya bonito...

sábado, noviembre 21, 2009


Voy a soltar las amarras y que el viento se encargue del resto.

No encontré otra forma de escribir esto que con tristeza. Se me partió el corazón de nuevo más pronto de lo que creí... Por suerte aún tengo en el armario la armadura de hierro que solía usar en las batallas del amor, y la usaré... No para volver a ser el caballero andande de alguna damicela en aprietos, sino para que nadie sepa que tengo aquí adentro un maldito corazón de verdad, no de juguete, no de palo, no de fantasía... Es mi maldito corazón!!! Mi maldita suerte...

Ahora debo buscar algún lugar sin usar, algún agujero en la memoria en donde meter esta pena. A vos te habría mostrado lo que hace tanto no muestro... Estaba dispuesto a cambiarme la piel y ahora debo matarte, debes morir acá, ser enterrada y convertirte, también, en algo pasajero. Un día llegaste y ahora te vas. Nos vamos todos.

Y a todos los que han leído este blog en los 4 años y resto que tiene de existir, gracias por leerme, comentarme y ojalá que les haya servido de algo. De ustedes también me despido pues creo que este blog ya me ha visto llorar demasiadas veces. Voy a cambiarme la piel pero para que nadie pueda verme, que nadie sepa que yo existo, que yo puedo amar y ser amado.

Estaba enamorado...

No he terminado de escribir estas líneas y ya mi rostro ha dejado de arrugarse, quizás porque he puesto a sonar la misma canción durante la hora que ya murió con este minuto.

Algunos extrañarán mis letras, otros darán gracias a Dios. Yo hago ambas cosas.

Cerremos el trato, entonces.

Hasta siempre.

Los dejo con un videito (aunque no soy dado a esto) esta canción la escuché cuando tenía como 18 años y me enamoré del grupo -se llaman "Plankeye", la letra es simplemente genial. Que la disfruten.


Aternox I

miércoles, noviembre 18, 2009


No hace falta que lo diga, pero lo diré: a pesar de que -inclusive- me había propuesto no pensar en las calles turbulentas y asesinas de tu cuerpo lo hice [...] Y tomando todo aquel peso en mi osamenta, giré mi vista y te miré. Querías un hombre, no un enfermo de vida [...] Y morí.

Yo creí que sería lo mismo.

Fue lo mismo, de hecho.

Un sabio filósofo chino ya lo había dicho alguna vez: "El que se fue no hace falta, hace falta el que vendrá." ¡Jueputa chino más sabio!

Es como mi necedad de usar verbos en pasado para expresar un sentimiento a futuro [...] ¡Bendita maña la mía de repetir todo como en cámara lenta en mi cabeza!

Pero ¡Ah! A otro con esos cuentitos, nena. Rico no es el que todo lo tiene sino al que no le falta nada. (Sería bueno que lo anotaras)

No me vayas a venir con tus venas -sangrantes- a la vista, recuerda que soy masoquista y me gusta verte sufrir.

Aunque debo admitir que estaba enamorado -locamente- de tus pasos de baile, cuando al mismo tiempo tenía más movimiento una película en pausa que yo. Cuando traías ese vestido de una sola pieza que caía, sensualmente, como una fiesta suramericana sobre tu cintura. Con esos cabellos desteñidos que caían ondulados como serpientes en tu espalda. Con esos ojos que eran como luciérnagas que danzan en la oscuridad cuando te miran y aquel, tu embrujo instantáneo de gitana.

Como carretera hacia el precipicio es tu aliento.

"La carne es fácil complacerla, el espíritu no", insiste este sabio filósofo chino en sus elucubraciones.

¿Volveremos a ver juntos el amanecer de nuestros corazones? ¿Volveremos a cabar tumbas en nuestra piel con las uñas? ¿Volverán a ser tus labios la fruta prohibida del árbol de mi edén? Ya no somos más un par de cuerpos que se revuelcan como elefantes en un charquito por un orgasmo.

¿Somos?

No hay que sentirse dignos de la insignificancia.

No somos.

Sin dolor no hay blues, dicen por ahí. Entonces seamos siempre libres. Y si vienes a celebrar esta noche, no me pienso negar. Por supuesto que me conoces.

En el arma solo queda una bala, mi amor, y esa bala o es tuya o es mía. ¿Quién va primero?

Sin nada que perder y tan perdido...

Me gusta...

viernes, noviembre 13, 2009


Me gusta la alquimia que hacen mis hormonas cuando esta luz agonizante baila; este fuego que dibuja formas extrañas en la pared me seduce.

Me gusta imaginar las montañas colapsar, los mares derramarse sobre el tapete de lo ajeno y las golondrinas que vuelan en aquel muelle de nostalgias mientras el faro alumbra.

Me gusta saborear la tierra, abrirle mis brazos a la lluvia y musitar cuando siento el hormigueo en las entrañas provocar esta feria de suspiros.

Me gusta desenterrar este cadáver maloliente, inservible y sucio; disfrazarlo de recuerdo, añorar y guindarlo del ciprés como a un Judas traicionero y vil.

Me gusta aruñarle la piel a tu recuerdo, morderle el borde de la boca y mirarlo sangrar hasta que muere.

Me gusta inaugurar las mañanas con su nombre, revolcarme como un cerdo entre las sábanas y perseguir las mariposas de mi estómago hasta tocarlas.

Me gusta el manoseo obseno de delicados temas, que el acantilado le ruja a las olas y que aquí no sea siempre un infierno.

Me gusta soñar con tus cabellos de rubí, con la blanca nieve que sale de tus labios y concluir con los versos de todo eso que no decimos.

Me gusta salpicar con el néctar de las horas esta fantasía, segregar los jugos gástricos del silencio para nutrirme de las impecables manchas de la noche.

Me gusta -sí- romper con las cadenas -y condenas- que hay marcadas en la almohada cuando solías recitar aquel coro de gemidos largos mientras los gatos hacían el amor en los tejados.

Me gusta dilatar la tráquea y erguir el sonido en ecos de tu partida, agradacer por los días que no estuviste a mi lado.

Me gusta deshacer el mundo a pedazos y formar continentes con tu ausencia; asimismo de buscarle alternativas a esta apretada soledad acogedora.

Me gusta -sobremanera- arrastrarme sobre el fango endurecido de tus pasos, condenarme a una vida contigo, sin fin.

Me gusta -lo admito- sufrir la cacería irrazonable de tus verbos, que me maten poco a poco hasta hacerme renunciar -sin piedad- a este mausoleo de nombres sin sentido.

Me gusta -demasiado- cuando tocas los tambores de lo incierto y mi corazón se estremece como si hubiera, del paladar, robado un lustro de ilusiones en Navidad.

Me gusta, me gusta... la sofocante histeria de los días al pasar, y tus lamentos secretos cuando se calma el mar.

Me gusta cuando tantas cosas no me gustan más y que su sitio, su lugar, lo hayas vuelto la trinchera en donde ahora solemos respirar.

Este globo giratorio me hacía vomitar, y llegaste tú con tu algodón de azúcar.

3.24 a.m.

viernes, noviembre 06, 2009


Amanece, ¿Tan pronto? Y yo estoy tan sólo... Pero no me arrepiento de lo de ayer.

Creo que -sinceramente- me cuesta mucho no decir las cosas. A algunas personas les sucede todo lo contrario: a duras penas y te dicen el 10% de lo que quieren. ¿Está mal eso? Por supuesto que no, pero -siempre hay un pero, damn it!- no puedo, no me quiero permitir sentir que esta caída un día pierde altura y al siguiente gana.

¿What about me? O sea, ¿Qué hay de lo que quiero yo? Pues muchas cosas quiero. Lo "irónico" es que las que más quiero son las que menos tengo. Siempre me la paso pensando en los demás. Como si me llenara de satisfacción el saber que esas personas están bien aún cuando acá llueve todos los días desde mayo.

Es pensar en las cosas menos propicias; como una sentencia de muerte con cada exhalación, suspiro, berrinche. Es quitar clavo por clavo de puertas y ventanas, dejar entrar un poco de luz y quemarse el rostro con el fuego de la verdad, sentir verguenza y querer buscar nuevamente la oscuridad.

Ya no hay paseos de domingo ni películas de alquiler para matar el rato. No hay sábanas manchadas de sangre y tampoco habrán más cromáticos -instrumentos del diablo para cegar al corazón-. Pasaremos recto sin volver a vernos ni decir adiós queriendo decirlo.

Y sí, las calles son como dunas mientras te espero llegar. Quizá es por eso -porque te espero- que el reloj me está volviendo loco con el tic-tac. Es bueno saber que los arco iris no son infinitos y que el pan de tu vientre es ahora alimento de gusanos y caballeros con armadura reluciente y plateada. Es bueno saber que ya no vive encerrada en su torre y que aunque el dragón no ha sido derrotado al menos el miedo a enfrentarlo se ha ido.

Siento que el último bocado de este plato se echó a perder. Putrefacto, enmohecido y rancio envenena. O es la gloria de Dios o el poder de Satanás. Siempre es todavía y una vez nadé desnudo tu oleaje. Vos no lo supiste y nunca lo sabrás.

Hay tantos conflictos con el mundo, con nosotros mismos, con nuestros hermanos -prójimos- que en vez de mirar al cielo agachamos la cabeza y escupimos. Sudamos y con la palma de la mano pecadora lo resolvemos todo tarde o temprano.

A veces siento que nunca he amado de verdad y a veces que más bien lo he hecho demasiado. ¿Dicotómico? Puede ser, pero me agrada que las cosas sencillas se compliquen. Y todos los días estoy menos vivo de lo que debiera. Así lo quiere Dios y así lo acepto.

Estoy seguro que pronto será mi última batalla. Siempre es todavía. No se puede aplazar la hora señalada. Que sean libres los demonios de mi memoria. El día que yo me haya ido -por fin y definitivamente- será demasiado tarde para cualquiera. Por eso cuando ya no esté entre vosotros no lloréis, hermanos, porque del Padre he venido y al Padre regreso, dijo Jesús en la última cena.

No lloréis, hermanos, cuando haya partido.

En el calendario hay un círculo en rojo y un par de números que no comprendo. Me resigno a que no puedo cargar con el peso de este ideal mientras los pájaros hacen nidos. Como mi Marcy y mi Dhalia que tejen sus telarañas, que se vuelven amigas de la ignorancia mientras esperan que la muerte las atrape con artesanías.

Y otra vez no hay nadie más que vos y yo, inmuta sombra bajo mis pies.

Mañana volveré mi rostro y no me pareceré a mí nunca más. No tengo miedo esta noche. No siento frío en la mirada.

Clamarán por justicia, por igualdad de condiciones y no se les dará respuesta alguna. Entonces querrán abrirme los brazos y en lugar de una sonrisa se estrellarán con estas líneas.

Ahora pertenezco a la brisa.

*imagen de Leonor Fini*

Agradecimiento compartido

martes, noviembre 03, 2009




No cabía ni una gota más de sangre en ese pobre corazón hastiado, viejo, cansado. Y aún así decidía con vehemencia latir, escupir fuego, luchar.

Me resulta sencillo -más- imaginarle como algo vulgar, sin forma, descabezado y descabezador. Podría ser absurdo creerlo, podría... Pero lo creo. Yo lo creo.

¿Qué es de este flujo de nimiedades que transporta ácido a mi cerebro? ¡Ácido! Calcina, destruye. Hace pedazos mi voluntad de sonreir esta noche. Mas sin embargo no del todo, no para mal.

La mayoría del tiempo cuando escribo en mi blog a esta hora es porque o me siento muy bien o me siento muy mal. Quizá solo tengo ganas de hablar con alguien y no hay nadie. Esa puede ser una razón: quiero hablar y no hay nadie.

Ni siquiera brotan las cosas que quiero decir del modo que quiero decirlas para que pueda escribirlas acá. Pero por siempre será esta mi terapia.

Hoy no fui al trabajo. Tenía un importante día hoy (bueno, ya fue ayer) y por confiarme demasiado la perdí. En realidad fue que confié demasiado en alguien que al final, de nuevo, me quedó mal.

Realmente en esta vida no hay nada seguro, no podemos dar nada por sentado. Todo lo que planeamos se puede ir al carajo en cuestión de segundos. Hoy lo tenemos todo y mañana ya no tenemos nada. Hoy está esa persona que queremos a la par y mañana no. Algunas cosas suceden momentáneamente y otras no hay forma de cambiarlas.

Y esto de sentirme tan sólo a veces no me agrada. "Es un mal necesario" suelo pensar por ratos, pero luego esa vocecita en mi cabeza salta y dice "Y cuándo dejarás de necesitarlo tanto?".

Malditas voces.

Hoy, esta noche me siento como un niño pequeñito, pequeñito; entre estas cuatro paredes soy preso de esta oscuridad que se espanta cada vez que aspiro el humo de mi cigarrillo. Pero vuelve, ella vuelve para que yo recuerde -aunque jamás lo olvide- que soy lo único que puede dar calor aquí. Me abrazo a mí mismo nuevamente y dejo entre salir de mi boca esa frase.

No hay luna llena, no ando regludo. Es solo que la extraño demasiado. No sé por qué me hace tanta falta. Y esto es algo que -debo admitir- no me había pasado en años. Esto que aprieta mis pulmones y cierra mis ojos mientras un escalofrío se dispara en mi columna vertebral.

En eso estaba pensando el fin de semana. Esta explosión de cosas dentro de mí no es típica, no es pasajera, no es normal. Debo confesar que ciertamente recuerdo la última vez que la sentí, y fue a los 18 años con la Señorita Camaleón, cuando por primera vez en mi vida estaba tan confundido como ahora que no supe de qué otra forma llamarlo sino amor. Es una palabra fuerte, ¿no?

Pero ¿Cómo describirían ustedes esa sensación?. Esa exhaltación de sus venas, sentidos, células; es sin duda difícil de explicar. Miss Sugar Heart tenía razón en varias cosas después de todo:

"A veces tenemos que pasar por las personas equivocadas para encontrar a la correcta"

Tenía toda la razón aunque estaba muy equivocada.

La persona correcta es la que me enseña, de la que aprendo para ser mejor y con la que -más allá de los malos recuerdos- comparto un pasado en común de maravillosas experiencias. Así que basado en eso todas las personas que he conocido han sido la correcta, en su debido instante.

Ahora bien, no quiero controlar el terremoto de sensaciones que ella provoca en mí, pero hay noches en las que daría muchas cosas con tal de poder respirar cerca de su cuello, abrazarla, acariciarla, seducirla en silencio, en la oscuridad y desdoblar nuestros corazones, plegarlos en la celosía para que el viento juegue con ellos mientras me voy dando cuenta que en sus labios está mi amanecer.

Suena cursi, lo sé...

¡Y al diablo con eso, que suene como tenga que sonar!

Yo no creo que haya venido al mundo para romperle el corazón a nadie ni para que me lo rompieran de regreso. No obstante estoy seguro que más de una vez lo hice sin querer y viceversa. Tal vez por eso me pregunto ¿Por qué a las mujeres de El Clan les habrá dado por -luego de verme tratando de pegar los pedazos rotos que me quedaban- hacer que fuera más difícil volver a sentir esto que siento ahorita?

Es gracioso que todas prometían ser esa que me repararía y al final se daban por vencidas. Es gracioso como la siguiente se cagaba en la anterior y al final todas terminaban siendo iguales. Por eso las promesas hechas en el nombre del amor nunca funcionan. Por eso prometo que con vos esto que siento no será una promesa, ni un pacto; ni siquiera una condición. Prometo siempre decirte lo que sienta sin abrir la boca y no cometer los mismos errores que cometí con otras. He aprendido de ellas a no ser el príncipe azul del cuento ni el sapo encantado. Soy tan solo un hombre, un ser humano que siente, que ahora sí ama sentir.

Lástima por esas que no encontraron la manera de unir, uno a uno, este corazón despedazado. Lástima porque deseaban que fuera ese hombre que las protegiera, que las cuidara del mundo canival de allá afuera. Lástima porque con todo y mis cicatrices, siempre estuve de primero en las filas de batalla. Pero el amor a veces se vuelve egoísta, se llena de oscuridad y se envenena. Lástima por esas que jamás tuvieron la fuerza suficiente, que no tuvieron fe y que, desesperadamente, corrieron a buscar otro corazón.

Lástima por ellas y de todos modos me alegro. Me alegro de que de alguna forma u otra hayan sido la piedra que me enseñara a -más que no tropezar dos veces con la misma cosa- poder levantarme con la frente en alto y decir:

"Gracias a Dios me volví a caer, porque he aprendido una forma nueva de levantarme."

Allá

jueves, octubre 29, 2009


Si es en la soledad
donde podemos ser -sin temor- libres,
todos deberíamos estar
siempre
solos.

Esta puta realidad




Venía pensando después del trabajo en algunas cosas que dejo a veces robarme la paz. Un ejemplo (para quienes aman las cosas acompañadas con ejemplos) es que siempre que uno comienza algún proyecto nuevo (llámese trabajo, relaciones personales, estudios, algo personal) lo primero que hace es llenarse la cabeza de espectativas, ideas, ilusiones... Y qué son las ilusiones? Madame Poète parfum à rêve d'aube lo describe muy bien:

"Todo proyecto poético… todo proyecto humano está condenado a una transitoriedad , que si se llega a sopesar no queda más que verter el juicio tan terrible de Alonso Quijano… el proyecto era mera ilusión, fue una equivocación."

Aunque no estoy de acuerdo con lo último -ella lo sabe- debo admitir que su crítica/análisis toca un punto muy válido y es que en esta vida de pesadumbres y reencuentros con uno mismo nunca faltan los sueños que hacen de Nunca Jamás una fantasía.

Así pues, podemos validar el estado típico de exhaltación del ser humano en momentos de alegría como una transitoriedad de emociones que, si bien son tan reales como para hacernos suspirar, reir, llorar en ese momento, también pueden desviar nuestro juicio de manera aterradora hacia sentimientos y pensamientos que dentro del contexto de realidad no tienen cabida.

Se me viene a la cabeza la famosa frase que dicta "No hay cosas imposibles, solo personas que se creen incapaces". Y es que si tomamos el fetichismo pretencioso de algunos, por querer mostrarle al mundo que ellos son capaces de vivir sin demostrar que son vulnerables, como algo notoriamente positivo yo más bien agacharía la cabeza, me daría media vuelta y me iría por donde vine porque ese tipo de personas no quieren ser humanas, quieren ser robots, autómatas que prefieren darle a gente como uno, que está dispuesto a tomar riesgos por las cosas que quiere que valgan la pena (porque uno decide, no el pasado), las sobras que alguien más dejó.

Me sigo preguntando: ¿Qué puta equidad hay en eso? Ninguna, usted tiene razón señor o señorita lectora.

Entonces ¿Tener ideales poéticos está mal? ¿Ilusionarse es para gente que cree en cierta gente? Puede ser. Pero también puede que todo sea un mero capricho de uno. Puede que uno -por más que se repita mil veces "no voy a construir castillos en el aire, no, no y no!"- más bien haga toda una ciudad sobre las nubes.

A fin de cuentas la primera y única partida de ajedrez la gané yo. Demostré -aunque no hacía falta- que era digdo de ser retado. No es cuestión de suerte sino de estar preparados. Y el que no esté preparado más le valdría ni siquiera querer intentarlo o al menos no alardear de sus habilidades. En resumen: el que pierde es porque no supo nunca cómo ganar con sus derrotas.

Sería un cretino si insistiera en continuar creyendo que soy capaz de hacerla soñar conmigo y que, al mismo tiempo, no tuviera que adivinar todo el tiempo si mi estupidez me nubla la vista o si este barquito de papel podrá aunque sea flotar.

Ni siquiera me atrevo a ponerlo sobre el agua ahora que siento miedo.

Buenas noches.

Crítica I

lunes, octubre 26, 2009




Yo siempre, desde que era pequeñito, le preguntaba a mis papás -intrigadísimo por semejante cosa- cómo era posible que ellos pudieran hacer lo que querían pero yo no. Su respuesta no huía de la típica respuesta de cualquier papá orgulloso de tener el poder diciendo: "porque nosotros somos sus papás". Ahí terminaban mis largos días rompe-cocos.

Conforme iba creciendo me daba cuenta de que no solo mis papás hacían lo que les daba la gana sino que era "la moda" entre los adultos. Bastaba con encender el televisor y ver algo de esas noticias para "grandes" donde anunciaban -casi religiosamente- algún asesinato, robo, secuestro... El menú de cosas permitidas solo para mayores era muy amplio, casi tan grande como los ojos que ponía yo viendo las bellas tomas de personas tomando el sol en una piscina de sangre.

Entonces me iba para mi cuarto y mis juguetes tomaban vida, mis juegos eran de violencia, de peleas entre "buenos y malos" y a veces me gustaba que ganara el malo. Dios guarde me dieran una pistola de juguete porque me volvía literalmente loco de la emoción y no; yo siempre quería ser el ladrón, no el policía.

Definitivamente eso de ser rebelde desde carajillo lo tuve, pero no fue sino hasta como los 11 años que se salió por los poros cuando -como todo buen renegado- empecé a escuchar rock. Oh sí, y no era simplemente rock, eran Héroes del Silencio y Guns N' Roses.

Aún recuerdo cuando -por vez primera- logré ver fotos de ellos. Imaginen la cara que harían sus papás si los atraparan teniendo relaciones sexuales en su cuarto, por ejemplo. Ahora cambien a sus papás por mí y listo; esa cara hice yo cuando pude ver a Saul Hudson con esos pantalones de cuero apretados y su fucking hermosa Epiphone Les Paul en las manos, con ese look tan agresivo y al mismo tiempo tan "original", y ni qué decir del señor y ciertamente gurú de este servidor, Enrique Bunbury. No habían palabras, yo desde ese momento supe que ellos pensaban igual que yo acerca de "los adultos".

Ya cuando mi capacidad cognocitiva estaba bien desarrollada y era capaz de distinguir entre un adulto por edad y un adulto por madurez pude discernir que el 99.8% de las personas mayores de 18 años -a pesar de tener experiencias en esto y en lo otro- se iban haciendo caprichosos, envidiosos, rencorosos y otro montón de cosas que solo a un personaje como Gargamel o el Grinch harían felices.

Y no solo era lo que percibía de la gente sino lo que yo en carne propia tenía que sufrir en el colegio lo que me iba transplantando los órganos del cuerpo, me los iba transformando en pedazos mal hechos de carne putrefacta, hinchada.

Yo odiaba a la raza de la que me había tocado formar parte, mucho. Tal vez fueron esas ganas de no parecerme a ellos lo que hizo que yo fuera como soy. Tal vez el no querer pertenecer a ese grupo de gente manipuladora y engañosa llamado "sociedad" o "suciedad" como le decía yo antes fue lo que me salvó de no ser un mequetrefe sin consciencia.

Y al fin entendí por qué los adultos sí podían hacer lo que les daba la gana y los niños no: porque tenían el poder para hacerlo.

El poder... De eso se trata todo ¿No? Quieren el poder...

Quieren el poder pero no pueden cuidar el planeta que se les da para que vivan como en un paraíso. No, en lugar de eso se pelean por destruirlo y dejarlo sin recursos, por ver quién es el más poderoso de todos, quién tiene más armamento nuclear, mayor ejército, quién es mejor en las olimpiadas... Mae, cómo putas gastan esos dinerales en tantas cosas que de verdad, son puro ego y orgullo? Mae no hay irse muy lejos para darse cuenta de lo que digo: Centroamérica.

Existe en Centroamérica un índice de pobreza según la ONU mayor al 50%, por lo tanto son al rededor de 25 millones de personas que viven, además de precariamente, marginados socialmente. Y uno se pregunta ¿Dónde están esos adultos que pueden decidir? Yo les daré una pista:


Sí, yo también me estaba preguntando cuánto costarán los palos de golf del señor Obama... Parece hasta que le pesan más que las bolas; las de golf, me refiero.

Se imaginan un mundo donde los niños mandaran? Donde la base de toda sabiduría radicara en ser como niños? Inocentes, puros, sensibles? El mundo no sería un caos, por favor... ¡El mundo ya es un caos!

Y ante tanta miseria y tan pocas manos dispuestas a ayudar a veces no queda de otra que "armarse de rusismo" como dice Petite. Tal vez mañana amanezca muerto y todo esto termine, o tal vez despierte por la mañana y sea solo un niño que se soñó que tenía 25 años y odiaba al mundo por hacer lo que quería en vez de lo que realmente debía.

¿Dónde dejé mis pastillas para la depresión?

...

pequeñas cosas grandes I

domingo, octubre 18, 2009


Aunque ese barco sea pequeñito, pequeñito,

con esta esperanza


quiero cruzar el océano más
grande de todos

y llegar, aunque sea


a la orilla de
tu piel.

El famoso "meme" y otras cavilaciones nocturnas

domingo, octubre 11, 2009


Hace como 8 años -si no es que más- que me senté a mirarme hacia adentro, bien adentro... y encontré sin dificultad a un niño pequeñito, desvalido y poco ecuánime que, sin otra alternativa en ese instante, se convirtió en el hombre que soy hoy.

Ese niño tenía miedo. Miedo a no saber lo que había afuera de su acorazado corazón de azúcar. Es por eso que cuando -por fin- tuvo su momento para "hacerse hombre" aprendió -a punta de puntapiés- la primera y quizá más importante de las leyes que alguna vez enseñara un sabio filósofo chino: siempre ten tu vista en el camino.

Pues sí, fue hace un poco más de ocho años que ese niño le tocó crecer. Yo oscilaba un cuerpo flácido, encorvado y de apariencia desdeñada. Exhibía casi de forma inconsciente la constante inseguridad que me halaba del cuello a todas partes, como el amo a su perro.

Justamente era la época de Chayanne, Enrique Iglesias y Shakira. era la época de los peinados estilo "hongo" en los hombres y "Marimar" en las mujeres (el primero que me diga que eso es demasiado viejo morirá!) Yo solía tener problemas para socializar con los demás. En realidad el problema no era yo, eran ellos: los odiaba a todos.

Podría andar entre 16 ó 17 años deedad cuando, por azares de la vida (gracias amigo mío) comencé a buscar una salida para la presión que los vapores que el tedio iban acumulando en mi cabeza. Por medio de ese amigo conocí a muchas personas, entre ellas la que sería mi primera novia, amante, compañera y amiga.

El asunto es que también conocería a quien sería mi primer beso (sí, mi primer beso fue con una tipa que conocí en internet, ¿y qué? el que esté libre de pecado que envíe un nudge por msn) Esta personita no era lo que se podría considerar como atractiva por la sociedad, ni siquiera yo la consideraba atractiva según mi manera de ver la belleza en la gente. Su forma de ser era extraña. Expedía confianza en sí misma de manera excesiva y eso nos convertía a mí y a la tipa en un ratoncito y una gata hambrienta, respectivamente.

Pues bien, para hacer el cuento corto (yo también me voy por la tangente a veces, no te preocupés Mag, no sos la única) resulta ser que teníamos cierto tiempo de chatear y estábamos -o eso parecía- entablando (¿con tablas? ¿ja ja?) una relación. La cosa es que después de un tiempo hablando sentimos que era hora de dar el segundo paso: conocernos.

Yo no sabía cómo diablos ir a San José sólo, mucho menos a 4 Reinas de Tibás... Así que fue toda una odesea en el espacio (Gracias Kubrick) -casi una hazaña- llegar a la casa de ella. Luego de una hora, treinta minutos y cuartenta y ocho segundos por fin: la casa de mi amada Celestina.

Al llegar era una sensación extraña verla finalmente. Había un problema sin embargo y era que la mamá desconfiaba mucho de ella porque se quedaba todo el día en la casa a solas hasta que la señora volvía de trabajar en las noches, entonces la única manera de entrar era por el techo (sí, yo también hice el mismo gesto que usted acaba de hacer) La cosa es que pare entrar fue todo un embrollo.

Me preparó el almuerzo - muy rico excepto por el pelo de 30cm que tenía el arroz- y luego nos pusimos a escuchar música. Yo sentía esa tensión extraña que sienten los desconocidos cuando están a solas en algún lugar. No era como estar hablando por msn, era real. No podía pensar, ella estaba ahí todo el tiempo, siguiendo cada uno de mis movimientos como si yo fuera una presa.

De un pronto a otro yo estaba sentado en la sala, ella frente a mí en otro sillón cuando sin aviso se levantó, caminó hacia mí y sin decirme nada me miró con firmeza, me sostuvo la cabeza con ambas manos y me besó. Fue un beso fugaz, como para probar mis labios vírgenes y puros con sus labios profesionales del besuqueo y sabrá Dios qué otras cosas.

No sentí nada de mariposas, ni hipopótamos ni elefantes rosados, ni en la panza ni en ninguna parte. Los busqué, se los juro, hasta el cansancio. Ella introducía su áspera lengua en mi cavidad bucal como buscando algo extraviado y yo me perguntaba: "¿Qué diablos está haciendo?"... Un beso "francés" para mí era lo mismo que un beso "de pinguinito". No sabía nada de eso. Practicar con mi mano no sirvió de nada. -vaya desperdicio de noche el que hice-

Al final no fue ni el peor ni el único beso que nos dimos mientras duró lo que tuvimos. Honestamente niguno de sus besos -lo siento Celestina- me gustaron, eran horribles, H O R R I B L E S. Era como besar un sapo con los labios llenos de pus. Me acuerdo y me da asco, Celestina, ¡Me traumaste!

Este "meme" lo hice ya que mis colegas bloggeras Matri y La Gatilla Rosa me lo suplicaron y rogaron hasta el cansancio. Yo sé que morían de ganas por conocer uno de mis tantos secretos íntimos. Espero que hayan quedado satisfechas, señoritas.

Ahora bien, aprovecho para anunciar que me voy a casar!

...

...

...

Jaja, sí huevón! Mejor sólo que mal acompañado, ¿no? Que pasen buenas noches y que Dios los bendiga a todos. Nos leemos la próxima semana damas y caballeros.

¡Salud!

P.D.: No me gusta esto de imponer las cosas pero bueno, es parte del jueguito, entonces di, aquí voy con mis voluntarios:

CandyKiller
Gia
Alecita
Indigo (sorry mae, pa' estrenarlo en esto de los blogs y las cadenas)
Carito (Sí, vos tampoco te salvás!)

Acá...

domingo, octubre 04, 2009


Lo que a vos te tengo guardado acá, dentro, dentro, muy dentro... Es un pedazo, considerable, de memoria. Es una noche de luz de luna, de canciones para la eternidad, de humo de cigarrillo flotando en el aire y de un par de cóncavos escenarios donde de vez en vez bailaron un par de lágrimas.

Lo que tengo guardado acá es un sentimiento, no un poema, no una canción, no un momento suspendido en el tiempo; ni siquiera una noche de octubre porque todo fue más que eso. Tengo acá guardadas todas las noches por venir en las que el ayer palpite, se repita y se golpee contra las paredes en mi cabeza como un grito, como un eco, como un soplido suave de aire.

Acá no hay horas, ni minutos, ni billetes de 5 mil, ni cambio para 30... Acá no hay un aroma a chica de fresa, a Deep Red. No hay un retraso de 5 minutos, no hay una lluvia terca que nos haga resbalar. Acá lo que hay es un gracias, es un para siempre aunque para siempre me parezca poco tiempo... Acá hay una sonrisa, acá no hay palabras, no hay distancias cortas ni tampoco largas. Acá lo que hay es una semilla.

No hay espejos, no hay calendarios acá. Lo que hay es un trapillo rojo, un saco manchado, un cabello con gracia, una sonrisa que transporta. Acá son muchas cosas las que hay, pero son muchas más las que habrán a pesar de que no había nada.

Acá hay enredaderas, hay un tiempo nuevo venidero, una víspera para lo incierto, para oportuniaddes despreciadas. Acá los ladrillos se hacen polvo y las princesas, cenicientas. Acá no hay infierno, no hay paraíso... solo una burbuja para que mire desde afuera el reflejo de lo ajeno, de lo propio, de algo que no hubiera sido ni mío ni de nadie y que ahora, pertenece a otra.

Acá no hay un himno solitario, ni puertas sin abrir, ni escaleras de cristal hacia el abismo. Acá hay secretos al oído, susurros entre paréntesis y una que otra vulgaridad. Acá ya no hay nubes negras detrás, no hay guitarras partidas a la mitad ni tampoco muertes de media noche. Acá lo que sobra es ambivalente, dual, soberano.

Acá no es ninguna parte, no es ningún pacto ni peaje. Acá no es un vía crucis, no es un medio tiempo, no es un final ni tampoco un principio. Acá no hay un por ahí, ni despedidas, ni holas. Acá lo que hay es un huracán que se lleva todo, que no deja nada.

Acá no hay un quizá, ni anillos fantásticos... No hay partituras garabateadas ni helados que nunca comemos. Acá lo que hay es un hombre, parado junto a un precipio en la cima del mundo gritando:

Todavía no es El Tiempo de las Cerezas.

mirror mirror

1