
Aunque amé las cosas que ahora odio de ti no puedo dejar de pensar qué tan humano fuí cuando solo quería mantener mi mente lejos de tu nombre.
Tú me llevaste al cielo y yo hice que te saliera fuego de la piel...
Fuiste una vez, once upon in the time -para que suene "caché"- la diosa que sabía hacerme reír en tiempos de guerra, guerra que tú y yo estabamos acostumbrados a librar en la cama atrincherados como soldados listos para morir uno en brazos del otro.
A veces demasiado era muy poco y solías decir "poco es tanto cuando poco necesitas", a lo que yo respondía "Aquel que sabe lo que basta siempre tendrá bastante".
Eras como la fuente inagotable de placeres que mi boca deseaba sorver de tu cuerpo de espuma cada noche.
Cuando vivíamos solamente de caricias y no hacían falta las palabras, era el humo saliendo de tu cigarrillo a medio fumar, como el vino que bebías cuando querías soñar.
Cuando tenía cosas que decir nunca estabas y debí decircelas a tu enemiga mortal, a esa chica que sabía como hacerme feliz aún sin saber mi nombre.
Tú te fuiste y ella aprendió a guiarse por el mapa de mi cuerpo hasta donde yo había escrito un "te amo" para ti...
Y la chica de quien te hablo, supo reemplazar al tiempo tu nombre con el suyo y amé las cosas que antes odiaba de ella.
Y entonces -un día- no pude más y tu nombre volvió a mi mente para no dejarme vivir en paz.
No es cruel el amor?