viernes, febrero 03, 2006

MONOLOGO INTRACENDENTE


Hace días que no escribo nada ya de mis acostumbradas columnas plagadas de sarcasmo o ironía, con matices de viejos amores y errores sin perdonar.

Hoy voy a transportar el silencio a lo lejano que es olvidar cómo recordar que la locura no es un arma sin filo en contra de la cotidianidad, sino más bien como susurrarle al tiempo que pasa y que la vida se va.

A veces puede ser más fácil querer odiar que odiar querer, queriendo sin querer y odiando sin odiar. Simplemente dejando que las pausas existan solo entre comillas y no después del punto final.

Porque la mente juega a saberlo todo y el corazón pierde cuando ya no siente nada, cuando aquellos espacios vacíos permanecen vacíos a pesar de las vacantes, los visitantes y las solicitudes de estadía indefinida.

Quién sabe cuando el amor se olvida a dónde demonios va... Creo que ni si quiera Bécquer lo sabe, por algo lo cuestionó...

Porque cuando lo material tiene su propio trono, las manos por más sinceras y por más pequeñas se quedan sin amor, se quedan sin dolor. Y no saben lo que es estar llenas.

Y sentirse completo no es tenerlo todo, sino saber valorar todo lo que se tiene.

Así las palabras terminan llegando con fuego, sin alas y a matar, asesinas, sanguinarias con su propio peso mortal.

Ya carente de carencias, clamando por auxilio y un poco de luz para olvidar que la locura no es un arma sin filo contra la soledad...

Para que el tiempo no se vaya sin antes llevarme con él al olvido, para poderla olvidar.

3 comentarios:

CRISK dijo...

Que bueno esto: Quién sabe cuando el amor se olvida a dónde demonios va... Creo que ni si quiera Bécquer lo sabe, por algo lo cuestionó...
al chile who knows....

Chris dijo...

Y qué importa? a fin de cuentas si se va es por algo, ya no quiero andar persiguiendo a nadie ni a nada... Me obstiné!

CRISK dijo...

Hoztine!!!

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